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La flotación

 

Reflexiones en torno a la flotación
por Lourdes Enríquez

 

Mi nombre es Lourdes Enríquez. Tengo 37 años y soy empresaria. En mi desempeño laboral me he construido una realidad en la que el exceso de estrés me acecha constantemente. Cuando me descuido y participo de la prisa y la tensión en lo cotidiano, padezco entonces de insomnio y cansancio crónico. Con el pretexto del torbellino del hacer y de lo urgente, termino alejándome de mí misma. En estas breves líneas quisiera compartir de qué manera la cabina de flotación transformó y sigue transformando mi vida, al recordarme que mi compulsión al trabajo se relaciona con un miedo profundo a la vida, compensado por una excesiva necesidad de seguridad y de control.

Hace cuatro años, cuando descubrí las cabinas de flotación, me encontraba en la cumbre del éxito -con reconocimiento, poder y dinero. La cara oscura de mi éxito fue un profundo sentimiento de desamor y de vacío. El mismo año, un accidente automovilístico en Argentina terminó de hundirme en una profunda depresión. Inició mi camino de cruz.

Floté por primera vez en Buenos Aires. Sentía tanto miedo que permanecí quince minutos de pie frente a la cabina sin poder entrar. Una vez dentro, me encontré en un lugar cálido y seguro, un lugar parecido en mucho a la placidez del vientre materno. Me sentí en el cielo, al menos en aquel cielo que es el fruto de mis creencias. Reconocí el dolor de toparme conmigo misma y, por primera vez en mi vida, pude darme algo valioso de mí hacia mí: un poquito de tiempo y poder permanecer en contacto con mi mundo interior -un mundo que tanto me amenazaba y del cual había huido toda mi vida. La suavidad y el calor del agua me ablandaron. Lloré, lloré y lloré... de dolor y de amor. Después de flotar sentí una enorme necesidad de recostarme en una cama y permanecer sola, para poder recogerme antes de ir nuevamente al espacio exterior.

El impacto de las primeras flotaciones fue tan conmovedor que no pude regresar a México sin una cabina. Decidí entonces comprar una cabina para mí. Al pensar que mucha gente podría beneficiarse de los efectos gratos de la flotación, invertí en una segunda cabina para crear el primer centro de flotación en México. Así se inició el primer flotario en la Ciudad de México.

Sigo flotando y flotando... ¡a veces por noches enteras! El afán de encontrarme y descubrirme es tan grande como mi soledad. La cabina me permite detenerme en mi carrera loca y, por primera vez, me hago de un lugar seguro donde puedo acompañarme sin sentirme amenazada.

Un profundo dolor se revela en mi cuerpo y en mi corazón, cuarteado por tanto abandono -dolor del cual había huido con tantas prisas.

En la oscuridad y el silencio de la cabina me encuentro cara a cara con mi niña interior. Está desolada y llena de miedos. Finalmente me detengo a cuidarla, a nutrirla de cariño y de confianza. Inicia un tierno encuentro amoroso y una oportunidad de crecer juntas.

Continúo flotando entre una y seis horas diarias. Varios amigos me preguntan: "¿Acaso no tienes nada que hacer?" ¡Creen que si uno hace muchas cosas, la vida entonces tiene sentido!

Después del accidente que sufrí en Argentina, quedé con cojera en una pierna. Sin embargo, al año de flotar y atender mi pierna mediante diversas visualizaciones, pude caminar normalmente. En lo emocional, recobré la confianza y decidí casarme y tener un hijo. Con mi esposo Cherif y con nuestro bebé en mi barriga flotamos los tres en otro vientre, en la cabina. ¡Momento de profunda gratitud hacia la vida! Puedo afirmar que si mi madre me dio la vida por primera vez, la cabina me la dio por segunda ocasión.

Al tocar el pedacito de cielo azul que está detrás de las nubes, confié en que mi logro era definitivo y dejé de flotar. Sin embargo la vida, con sus sorpresas, se hizo cargo de apuntar hacia la fragilidad de mis ilusiones: llegaron otras nubes a oscurecer mi paisaje.

Mi padre murió en el sexto mes de mi embarazo: el dolor nuevamente se anidó en mi corazón.

Me atreví a tener el parto de manera natural y en casa. Al recibir a Pablito, recién nacido y en mis brazos, me confronté con una vivencia primaria e esencial: el bebé es vulnerable y, a la vez, portador de una sabiduría intrínseca a la vida.

Al desempeñar mi nuevo papel de mamá la vida me regala una nueva dificultad: cómo conciliar mi anhelo de madre con el ritmo desenfrenado de mi trabajo. Una profunda revisión de mis valores se hizo necesaria. Me esperaba un largo proceso para afinar un nuevo proyecto de vida.

Noches sin dormir... profundo cansancio... preocupaciones por el niño... el trabajo... depresión...

Me puse fatal y toqué fondo nuevamente. Estaba harta. Con la fuerza del coraje decido dedicarme a mi salud a tiempo completo. Con la ayuda de Diter -médico ayurveda de la ciudad de México- y de la cabina, encontré la fuerza necesaria para enfrentar mis tristezas, enojos, miedos y alegrías en mi interior.

Hoy en día estoy dedicada a cuidar de mi energía. Estoy escribiendo mi historia personal, poniendo así al descubierto mis patrones y hábitos negativos. Estoy haciendo ejercicio, meditando...

También floto a diario. Sé que flotar, como cualquier práctica, para dar frutos requiere de una continuidad, de una regularidad. Me siento guiada por una profunda intuición que se ha tornado ya en experiencia palpable: "descubro lo mal que estuve solamente al encontrarme en el bienestar".

La cabina de flotación es el espacio privilegiado en el cual recuerdo y cultivo el potencial de salud que está en mí y en la vida misma.

(© 2000 Lourdes Enríquez)

 

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Lista de artículos:

La experiencia de flotar
El “Inner Spa” y la cabina de flotación

Flotación - Volver al Nirvana original
Reflexiones en torno a la flotación

La flotación y sus beneficios para los estudiantes

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